Luego déjenos examinar a Condillac sobre este tema de los legisladores y la humanidad: "Mi Lord, asuma el carácter de Lycurgus o de Solón. Y antes que usted termine de leer este ensayo, entreténgase con dar leyes a algunos salvajes en América o Africa. Limite a estos nómadas a tener moradas fijas; enséñeles a cuidar rebaños....Trate de desarrollar la conciencia social que la naturaleza ha sembrado en ellos....Fuércelos a empezar a practicar las obligaciones de la humanidad....Use castigos para que los placeres sensuales les resulten repugnantes....Entonces usted verá que cada punto de su legislación causará que estos salvajes pierdan un vicio y ganen una virtud. Todas los pueblos han tenido leyes. Pero pocos pueblos han sido felices. ¿Por qué? Porque los legisladores mismos casi siempre han sido ignorantes del propósito de la sociedad, el cual es unir a las familias con un interés común. La imparcialidad de la ley consiste de dos cosas: establecer la igualdad de riqueza y la igualdad de dignidad entre los ciudadanos...Según las leyes establecen igualdad mayor, ellas llegan a ser proporcionalmente más queridas por cada ciudadano....Cuando todos los hombres son iguales en riqueza y dignidad--y cuando las leyes no dan esperanza de perturbar esta igualdad--¿cómo entonces se pueden agitar por la codicia, la ambición, el libertinaje, el ocio, la pereza, la envidia, el odio, o la envidia? Lo que usted ha aprendido de la república de Esparta debe ilustrarlo en esta cuestión. Ningún otro estado ha tenido nunca leyes más de acuerdo con el órden de la naturaleza, de la igualdad."
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Lillian Martinez, Anfitriona
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